Arco Iris, una parte de la vida misma


«No recuerdo cuándo escuché a Arco Iris por primera vez. Sé que fue cuando vivía en Mar del Plata, en invierno. Pero no me acuerdo exactamente el día. No llegué a verlos con su formación original en ningún show. Pero sí recuerdo haberme impresionado cuando los vi en la película «Rock hasta que se ponga el sol», la voz de Gustavo Santaolalla en los primeros discos, tan particular y armoniosa, el solo de Ara Tokatlian en ‘Mañana campestre’, la base tan sólida de Guillermo Bordarampe y Horacio Gianello en todos sus discos…» escribe Fabio Scartuccio en el libro «Arco Iris música y filosofía».

Scartuccio, quien además de escritor y periodista es director de cine, fue productor y manager de varios grupos. En la actualidad se encuentra trabajando en la realización de un documental sobre Arco Iris, y en otros dos, uno sobre una figura del dos por cuatro y el otro sobre un emblemático del rock argentino.

«Soy un eterno agradecido a los músicos que me brindaron su confianza para escribir el libro, y especialmente por su tiempo. Verlo terminado ahora es como que tiene el sabor del deber cumplido, porque es algo que me entusiasmaba desde siempre. Y ahí entra a jugar la parte de fanático del grupo», cuenta Fabio en charla con El Resaltador.

Es que, según Santaolalla, «…Arco Iris fue un grupo de grandes amigos que armaron una banda de música muy original, con una fuerte identidad, que llevaron su compromiso con la búsqueda espiritual y musical a la convivencia en comunidad y que cada vez que subieron a un escenario, juntos y unidos, lograron afectar positivamente a miles de personas con sus canciones, su música y su mensaje de amor y paz”.

«La idea que la vida de uno es tan importante como para que se escriba un libro al respecto, me hace sentir humilde y agradecido”, resume Ara Tokatlian. “Los recuerdos son infinitos. Las vivencias personales y de grupo en su mayoría fueron muy buenas y algunas no tan buenas. Pero invariablemente todas ellas se amontonan en el gran cofre de la melancolía y la nostalgia».

«Las charlas que tuvimos entre nosotros, al igual que con Fabio”, afirma Guillermo Bordarampe, “me hicieron revivir muchos momentos inolvidables e intensos, desde lo musical hasta la experiencia de convivir en grupo y, como diría Gustavo, ‘desandar el camino’ de esa huella indeleble que dejó Arco Iris en la historia musical, cultural y humana de nuestra querida Argentina».

Por su parte Horacio «Droppy» Gianello, quien dejó este mundo durante el presente año, había expresado que «El encuentro con Gustavo Santaolalla en el estudio de Pepe Netto, quien sería productor musical de Arco Iris y de León Gieco, marca un antes y un después en mi carrera. Hasta ese momento era un baterista profesional que acompañaba a solistas y contaba también con una gira que realicé por Escandinavia durante años. Mi vocación me reclamaba un cambio sustancial, sucedió cuando Gustavo me propuso integrar Arco Iris».

Autor del prólogo, León Gieco, hizo un balance bien ajustado del significado de Arco Iris para la música argentina al afirmar que “Era el único grupo de rock que no tenía los prejuicios de si era rock o no era rock. Eso era rock con un montón de corrientes musicales, folklóricas, universales. Yo creo que ellos estaban en la búsqueda de un conocimiento general de la música universal. Me parece que fue un primer comienzo».

«‘Vos también sos un Arco Iris’, me dijo Dana una tarde de 1998 en el departamento de la calle Honduras, el mismo donde vivían en comunidad en la década del ’70, Gustavo, Ara, Guillermo y la propia Danais Wynnycka o, simplemente, Dana. Fue muy emocionante para mí entrar ahí. Dana y Ara me recibieron con mate, me mostraron la casa, los muebles que ellos mismos habían construido, el manifiesto pegado en una pared, con letra de Dana, con los principios que había que respetar para la vida en comunidad», se entusiasma Fabio.

«Ese momento que detallo fue el puntapié inicial para una amistad que perdura más allá de lo laboral, por eso hicimos el videoclip del ‘Blues de Dana’ que ellos reversionaron en 2001, por eso hoy al ver el libro terminado en esta primera etapa 1969-1975, me siento con orgullo del deber y gusto cumplido», agregó.

«En esa época no me daba cuenta, pero a medida que pasaban los años, los Arco Iris fueron siendo parte de mi vida. Ya no como el grupo que me gustaba y escuchaba sus canciones, sino de una manera más importante. Empezaron a ser parte de mi vida más íntima y evidentemente ese algo que intuía de chico se hacía visible. Ser amigo de ellos. Escribir su historia oficial. Poseer material inédito de la banda, estar preparando la película con su historia, son hechos que me unen para siempre», concluye.

También guarden, twiteen y compartan desde:
    Bookmark the permalink.

    Comments are closed.