Beatles y Lacan: una mezcla posible


Editado originalmente en inglés, en 1995, “Los Beatles y Lacan: Un réquiem para la Edad Moderna”, de Henry W. Sullivan, que se agotó tras su publicación, por primera vez se edita en castellano, gracias a editorial Galerna, y la traducción de Flor Codagnone y Luciano Lutereau.

Fenómeno cultural si los hay, los Beatles sirven de contrapunto a Sullivan para su análisis. El autor tuvo la deferencia de contestarnos en castellano los interrogantes que la mezcla nos sugirió.

Henry Sullivan

Henry Sullivan

Los cinco fabulosos

HS: El origen de la idea se encuentra en una sincresis progresiva entre dos grandes entusiasmos míos. Nací en Inglaterra seis meses después de Paul McCartney y allí viví intensamente todo el fenómeno de los Beatles a partir del año 1963. En 1973 me puse a estudiar en serio a Lacan, habiendo ya leído mucho a Freud, Jung, Adler y otros desde la adolescencia. Diez años después, tras haber hecho finalmente el trabajo de duelo doloroso por el asesinato de Lennon (¡el mismísimo día de mi cumpleaños en diciembre, tres años antes!), la inspiración me llegó como un rayo de trueno. Era menester ahora sacar algún sentido sistemático de toda aquella alegría, histeria y tristeza que habían sido los Beatles para mí, y la enseñanza psicoanalítica lacaniana me parecía el dispositivo ideal para esta tarea.

El cruce de dos colosos

HS: No hay manera de contestar esta pregunta en cualquier sentido literal. Lacan nunca estuvo en presencia fisica de los Beatles, ni viceversa. Pero si se puede hablar de un encuentro figurado entre Lacan y los Beatles en tres planos culturales y aún simultáneos: 1) la efervescencia popular de los años ’60 tanto en Francia como en Inglaterra, 2) el modo de vestirse para los hombres, y 3) el estilo de pelo. En primer lugar, el lacanismo vulgarizado  llegá a su apogeo en París alrededor de 1966, y por supuesto en el año de los notorios “acontecimientos de mayo” del ’68. A los franceses Lacan les parecía “el único genio del momento” (“le seul genie du moment”). Estos son también los años de Revolver, Sgt. Pepper’s, el Álbum Blanco, Abbey Road, el momento culminante para los cuatro chicos de Liverpool. En cuanto al estilo de vestirse masculino, los Beatles en un principio tenían ese aspecto revolucionario que chocó muchísimo. En su primera fase, llevaban chaquetas sin cuello al estilo Pierre Cardin. Y así se vestía nuestro Lacan de aquel momento también. Aún más chocaron los Beatles por la abundancia de su melena; su corte de pelo resultó una especie de firma visual inextirpable. Por esos mismísimos años Lacan decidió cambiar su estilo de peinado a “les cheveux en brosse” (corte a cepillo), otra firma visual que ha fijado nuestra imagen de Lacan para siempre. Es como si durante este período ellos estuvieran comunicándose unos con otros a través del canal inglés en algún lugar virtual.

Psicoanálisis de ida y vuelta

HS: Ya desde su primer impacto en Inglaterra, en febrero-marzo de 1963 con el hit Please, Please Me, los Beatles desafiaron toda lógica racional. La reacción del público adolescente, femenino sobre todo, era de una histeria legendaria, una locura desenfrenada, una convulsión nacional llamada la Beatlemania, que luego se extendió por todo el mundo. Las explicaciones o tentativas de interpretación de este fenómeno en aquel tiempo eran todas inadecuadas, ancladas como estaban en teorías filosófico- materialistas, aproximaciones psicologizantes a la anglosajona, vagas apelaciones al motivo de la ganancia financiera, o meras adivinanzas sin base sistemática alguna. Por eso, mi empresa psicoanalítica de enfoque lacaniano y la búsqueda de una significación más profunda. Efectivamente, en todo su hacer y creatividad, los Beatles enviaban siempre el mismo mensaje: que había otro modo de saber y sentir, que había otro mundo detrás de las apariencias (sobre todo en el caso de Harrison y Lennon), y que la epistemología de la Edad Moderna en que nacimos, era ya caduca. Es así que nos acompañaron en nuestra transición a la Edad Posmoderna y, al mismo tiempo, escribieron la banda sonora o el réquiem de aquella. En cuanto a la cuestión de lo que el psicoanálisis aporta a los Beatles, mi respuesta queda desplegada en gran detalle por las trescientas paginas del libro recién editado en Buenos Aires y en versión castellana. (risas)

Un encuentro musical

HS: En 1963 estudiaba en la Universidad de Oxford como alumno de segundo año. A fines de febrero un amigo me hizo escuchar el disco Please, Please Me que me cambió la vida para siempre. Nunca había oído música como la de ellos. Era como una conversión damascena. (risas)

Ahora en castellano en su librería amiga
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Los Beatles y Lacan

HS: ¡Excelente pregunta! En primer lugar la edición es el trabajo de conjunto de tres personas eminentemente calificadas. La mayor parte de la traducción se debe a la poeta argentina Flor Codagnone. Los capítulos sobre Lennon y McCartney los tradujo primero el psicoanalista y escritor porteño, Luciano Lutereau, y la revisión de todo estuvo al cuidado de Salvador Biedma, de la Editorial Galerna. Es un trabajo meticuloso que tuve la oportunidad de revisar en forma manuscrita. Al final, sin embargo, había muchos datos y pasajes del libro (escrito a fines de los años ’80 y publicado en Nueva York en 1995) que quedaron muy desactualizados. Salvador Biedma omitio ciertos pasajes e introdujo una cantidad de información nueva consultada conmigo, añadiendo datos sobre la recepción de los Beatles y su legado a partir de 1995. La edición es, además, pulcra en el sentido físico, con una tapa muy llamativa y hasta ingeniosa y ocurrente.

Agotada y de culto

HS: Es una historia curiosa de verdad.  Dado lo estrafalario, para muchos, de la combinación de los Beatles y Jacques Lacan, tuve que mandar el manuscrito a un sinnúmero de editoriales antes que me lo aceptaran. La editorial de Nueva York que, al fin y al cabo, editó el libro lo hizo en una única tirada de unos centenares de ejemplares, los cuales se vendieron muy de prisa en varios congresos o ferias de aficionados de los Beatles, en Estados Unidos sobre todo. Pronto se agotó la edición y el libro se convirtió luego en una rareza de coleccionistas o de culto. Hay una categoría de aficionado a quien llamamos “completista”, es decir el que absolutamente necesita poseer todo libro que sale sobre los Beatles. Las cosas llegaron a tal grado que el año pasado un ejemplar de segunda mano de la primera edición, tan manoseado y rayado como estuviera, valía en Amazon.com o BarnesandNoble.com más de US$ 250, y hasta US$ 400.  Es absurdo, pero el fenómeno se explica por este conjunto de razones imprevisibles.

El sonido de una vida

HS: Soy gran aficionado a la música clásica. Beethoven, Mozart, Schubert, Brahms, Dvorak y Sibelius son algunos de mis compositores favoritos. El jazz y el blues me interesan mucho menos. Claro que siempre me ha encantado el rock, el nacimiento del que fui testigo en 1954. Cuando era joven también formé parte de tres grupos pop, en guitarra rítmica y segunda voz, el mejor de ellos en Oxford, precisamente. Y dicho sea de paso, en mi opinión es un error grande tratar de justificar el mérito de los Beatles invocando comparaciones entre ellos y los grandes compositores clásicos del pasado, como lo han hecho ciertos críticos. Los Beatles crearon una música genial para su época y que no necesita otra justificacion.

Bienvenido al país del psicoanálisis

HS: Según una anécdota que oí una vez, hay ciertos argentinos que tienen hasta dos analistas para la co-consulta o para la comparación de sendos diagnósticos.  No sé si es chiste o verdad. Pero he conocido personalmente a psicoanalistas argentinos en Estados Unidos, Canadá, Australia y España, entre otros países, aunque nunca he estado en Argentina. Es fascinante de sobremanera recorrer la historia particular del psicoanálisis en su país desde Freud, pasando por Melanie Klein y toda la teoría de relaciones de objeto, y llegando finalmente a la pasión nacional por Jacques Lacan y su escuela. Cuando por primera vez se me propuso el proyecto de traducir mi libro al castellano en una editorial porteña, ya me di cuenta que al fin había dado con los lectores ideales.

Lennon vs. McCartney?
Henry Sullivan

Henry Sullivan

HS: La relacion entre John y Paul, sus convergencias y diferencias, es fundamental en cualquier consideración de los Beatles. En cuanto co-compositores de texto, melodía y armonía para la gran mayoría de sus inmortales canciones originales, además de crítico estético el uno del otro, podemos decir que de los dos dependía el dinamismo del grupo como alguna “tercera cosa” o “entidad en sí”.  Esta convergencia creativa, de dos almas en una, la llamo el “matrimonio psicomusical” de Lennon y McCartney.  He dedicado muchísimas paginas a describir su dinámica interior, como paulatinamente se desarrolló, y como por fin su matrimonio psicomusical tuvo que terminar en mayo de 1968, cuando John creyó haber descubierto en Yoko Ono (erróneamente en mi opinión) la misma combinación de co-creador de arte y compañero que, para él, había sido Paul. Pero esta vez en forma de mujer.  Partiendo de la importancia capital de la relación Lennon-McCartney para el grupo, me metí a analizar sus compatibilidades y diferencias desde la óptica del psicoanálisis para entender mejor como tal milagro de la creación artística fue posible.

¿Algún protagonista fue también lector?

HS: Lo único que puedo decirle sobre este asunto se refiere al caso de Paul McCartney. No tengo idea de si Starr o Harrison jamás lo tuvieran al alcance. Cuando yo necesité los permisos para citar textos de las canciones de los Beatles, Yoko Ono y compañía, que controlaban la hacienda de John Lennon, fueron imposibles. Cuando escribí a MPL Productions en Soho Square de Londres, sin embargo, pidiendo permiso para citar canciones de Paul escritas después de la desintegración de los Beatles y pasajes de un guión de cine que él había escrito, su secretaria personal de entonces, Shelagh Jones, me respondió inmediatamente por carta diciendo que los derechos de autor no eran ningún problema y que, además, Paul me deseaba toda buena fortuna en mi empresa (¡!). Solamente me pidió un ejemplar del libro impreso.  Debidamente se lo mandé y, sin duda, lo vio alguien en las oficinas londinenses de Paul. Pero ella nunca me contestó después, ni Paul tampoco, por supuesto. No obstante, es posible que la idea general del libro le fuera conocida.


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