Chango Spasiuk: «No me considero un músico de culto»


El ambiente no podía ser el mejor para hacer una nota. El lugar donde el artista compone sus temas con la presencia de un piano, un acordeón, un equipo de música y el protagonista: el acordeonista y compositor Horacio Spasiuk. Más conocido como Chango Spasiuk, nos abrió las puertas de su casa para contarnos cómo vive sus 30 años de la Consagración de Cosquín.


«Precisamente -cuenta el Chango- fue en Cosquín donde inicié estos festejos pasando por distintos escenarios. El 21 de septiembre será el turno del teatro Opera para vivirlo con el público de Buenos Aires».

«A lo largo de mi trayectoria siempre he intentado buscar distintos sonidos. Por ejemplo, también se cumplen 20 años de ´Polcas de mi tierra´, que hicimos con Pedro Canale, de Chancha Vía Circuito. Maestros como Raúl Barboza me enseñaron que lo más valioso es la experiencia de intentar hacer algo y aprender a hacerlo», narró a El Resaltador.

Esta búsqueda incesante del Chango nos lleva a otro proyecto,´Tierra colorada´, grabado en el teatro Colón junto al maestro Rafael Gintoli, con arreglos de Popi Spatocco, o su álbum de música para películas,  ´Otras músicas´.

«Si tengo que hacer un balance -comentó el Chango- pienso que mis tres primeros discos, aunque suenan muy distintos el uno del otro, los hice para una discográfica. El cuarto,´La ponzoña´, es bien independiente. Fue grabado con el ingeniero de sonido Amílcar Gilabert, todo un lujo. A ese le siguieron ´Polcas de mi tierra´ y ´Chamamé crudo´, cerrando una trilogía».

«Después llegó un momento de experimentación en una gira por Europa. Allí surgió ´Tarafero de mis pagos´, lanzado por un sello alemán y realizador con un gran productor inglés, Ben Mandelsson”, señaló el músico nacido en Apóstoles, Misiones, “Ahí encontré mi música. Lo considero el primero de otra trilogía que siguió con ´Pynandí´, producido por otro grande, Bob Telson, y que se cierra con ´Tierra colorada´, en vivo y en el Colón, que otra de mis grandes metas cumplidas», agregó.

«Claro que después del Colón me pregunté,´Y ahora, ¿para dónde voy?´. Revisé lo que había hecho para cine y para el canal Encuentro en mi ciclo ´Pequeños Universos´, y compilé composiciones de 20 años en ´Otras músicas´», destacó.

«Más allá de que me siga moviendo en muchas direcciones, algunas cosas están claras. Me siento cómodo con la formación de violín, chelo, contrabajo, percusión, guitarra y acordeón. Por eso grabé un álbum en Europa,´Pino europeo´, (junto al Ensamble Chancho a Cuerda), que se editará próximamente. Espero que el año que viene esté editado en Argentina», adelantó.

«Lo que te sostiene en el camino es encontrarle sentido a ese intentar y sentirte en paz. Quizá haya en mí algo de militante, por eso de que la música no es solamente entretenimiento. O la idea yupanquiana de que la luz que alumbra el corazón del artista es como una antorcha que usan los pueblos para ver la belleza en el camino», dijo.

«No me considero para nada un músico de culto. Puedo tocar en un teatro, en un festival o en el Colón, y el sentimiento es el mismo. Piazzolla llegó a hacer su obra porque conocía la historia del tango y la vivió tocando con Aníbal Troilo. Hay un lenguaje estético que se compone por muchos elementos. Hay cuatro compositores fundamentales. Mario del Tránsito Cocomarola, Ernesto Montiel, IsacoAbitbol y Tarragó Ros (el padre de Antonio). Esos cuatro, que son contemporáneos entre sí, crearon cuatro estéticas o estilos», expresó.

«Cocomarola quizás tiene un plus extra. Como Troilo. Para que aparecieran Los de Imaguaré, Rudi y Niní Flores, Teresa Parodi o Antonio Tarragó Ros tuvo que existir aquella base. Por supuesto que faltan nombres, incluso anteriores a esos cuatro, porque antes de Cocomarola también se tocaba, y hay temas del repertorio tradicional que son anónimos recopilados. Yo nombro a estos cuatro porque fueron los que tuvieron la majestuosidad de codificar muchos elementos que estaban sueltos», reflexionó.

«No puedo dejar de mencionar a Raúl Barboza en el aspecto internacional del chamamé. Ese reconocimiento se lo debemos a él. Me pasó de estar tocando por Europa y alguien se me acerque y me diga, ´Me gusta lo que usted hace y me recordó que en un tiempo por aquí pasó también Barboza´. Por eso su dimensión es inmensa», afirmó.

En el final de la extensa y rica charla, no sin antes tomar su acordeón y regalarnos algunas de sus composiciones, Spasiuk adelantó que «en el Opera vamos a recorrer 30 años de historia desde aquel inolvidable 1989 de la consagración de Cosquín, no sólo con temas clásicos del repertorio, sino también cosas nuevas». LD


 

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