La Falda, la dama del 2×4

Con la presencia como maestro de ceremonia del “Señor Tango”, Silvio Soldán, la ciudad cordobesa de La Falda, enclavada en el corazón del Valle de Punilla, volvió a vibrar y respirar 2×4 durante tres veladas en la 35° edición del Festival Nacional de Tango.

Contando con figuras fundamentales como el maestro Osvaldo Piro, Omar Mollo, Rodrigo de la Serna y el Yotivenco, José Ángel Trelles, Tangoloco, la dupla Carlos Buono/ Guillermo Galvé, Ariel Ardit, Ricardo “Chiqui” Pereyra, y las voces juveniles de Carlos Habiague, Lisette, Esteban Riera, Martin Moine y Leandro Ponte, sumó el espectáculo de la danza, muy bien represtada por Mora Godoy, Evolution Tango y el Ballet La Juntada de Esperanza, Santa Fe.

Como si todo esto fuera poco, los espectáculos “Tres en clave”, protagonizado por el cantor Jorge Vázquez, el bandoneonista Nicolás Perrone y el guitarrista Esteban Morgado, “Un siglo en flor” con Lito Vitale, Julia Zenko, Negro Falótico y Nicolás Perrone, el de Oscar Lajad y su “Tango corrupto”, la Orquesta Típica Ciriaco con Gustavo Vicentín y la dirección del bandoneonista Pablo Jaunarena, la Orquesta Escuela Municipal de Tango de La Falda y la Orquesta Provincial de Música Ciudadana de Córdoba, conducida por el bandoneón de Damián Torres, quien a su vez se presentó con su quinteto, recibieron el cálido aplauso del público.

Alrededor de 8 mil personas se dieron cita durante las tres jornadas que tuvieron el color, el brillo, la buena música y muy cuidada organización. A las 20, puntualmente se dio inicio a cada velada, culminando apenas poco después de las 2 de la madrugada.

Si bien el nivel artístico-musical fue muy parejo, hubo algunos artistas que sobresalieron con su propuesta.

Fue el caso, por ejemplo, de Tangoloco dirigido por Daniel García junto a un seleccionado de músicos:  el Mono Hurtado en contrabajo, Horacio Montesano en guitarra, Walther Castro en bandoneón y Christian Colaizzo en batería, mostrando su personal fusión de Beatles, la música negra de los ’80 y la clásica, con el tango como una verdadera aplanadora.

Lo sinfónico tuvo dos momentos particulares: el de  Carlos Habiague, y el de Ariel Ardit. El primero, junto a la Camerata Académica de Córdoba, y el segundo, en un tributo a Carlos Gardel con la Orquesta Académica Juvenil del Teatro del Libertador cordobés.

La parte tradicional de la música ciudadana estuvo bien representada por el maestro Osvaldo Piro al frente de su grupo, la voz personal de Ricardo “Chiqui” Pereyra, la dupla Carlos Buono y su fuelle, y el tardío debut en La Falda de Guillermo Galvé con sus 42años de trayectoria, además de Pepe Trelles aportando sus interpretaciones de temas emblemáticos de Piazzolla-Ferrer.

El actor, canto y músico Rodrigo de la Serna y su agrupación Yotivenco le pusieron el toque milonguero, canyengue y lunfardo de su repertorio, en tanto que Elena Roger junto al pianista Nicolás Guelberg, de Escalandrumcantó temas de Gardel a Piazzolla, y Lito Vitaley su grupo rindieron homenaje al maestro Homero Expósito, quien en septiembre cumpliría un siglo de vida.

Como es habitual, Omar Mollo desplegó un set parejo en el que se destacó su persona versión “Pasional” y “Naranjo en flor”, dedicado a su esposa Graciela, y Esteban Riera volvió a demostrar sus dotes de buen cantor popular.

Un párrafo aparte merece Oscar Lajady su “Tango corrupto”, premiada recorrida musical en donde se combinan piezas como “Despacito”, “Felices los cuatro” y “Aserejé”, entre otras, con la música ciudadana, en una creación que hizo poner al público de pie.

Esta fiesta del dos por cuatro con sus 35 ediciones ininterrumpidas, tiene, en realidad, 53 años, ya que ha sufrido diferentes interrupciones por diferentes causas: políticas, económicas y hasta climáticas. Actualmente se ha convertido en el festival más importante de Latinoamérica del género.

Para destacar: la actitud de Habiague quien, tras cerrar la noche del sábado, se fue a cantar a capella con el público a la salida; el simpático “mea culpa” con que Ariel Ardit pidió perdón por haberse excedido en su tiempo sobre el escenario durante su anterior actuación; y la predisposición de la organización y los artistas con la prensa.

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