La «flor y nata» del chamamé brilla en el Luna Park

personaje-799x180Antonio Tarragó Ros, Ramona Galarza, Mario Bofill, Los de Imaguaré, el Padre Julián Zinni, Las Hermanas Vera y también actuarán Juan y Ernestito Montiel, Fuelles Correntinos y, como broche de oro, Luis Landriscina y los 100 Acordeones Chamameceros, serán el eje de la 5º edición del festival “Viva El Chamamé”, el próximo 7 de este mes.

El Luna Park, Corrientes y Bouchard, se vestirá de litoral para recibir la flor y nata de este maravilloso ritmo folklórico, alegre y nostalgioso a la vez, en un espectáculo producido por Norberto Bacón y Nito Artaza.

EL REGRESO DEL CUENTISTA

personaje1Ya hace siete años que Luis Landriscina no pisa los escenarios y se lo extraña. Es una cálida tarde en la que nos recibe en sus oficinas porteñas de la calle Corrientes, muy cerquita del Obelisco. Junto a él se encuentra el acordonista, cantautor y compositor de Curuzú Cuatiá, Antonito Tarragó Ros, su cómplice en esta fiesta chamamecera.

Entre charla y charla, bromas, anécdotas y cuentos al mejor estilo Landriscina, Don Luis comentó que “esto es una excepción que hago porque tanto Bacón como Artaza me estaban persiguiendo desde hace cuatro años y como en ese tiempo tenía que ocuparme de mi salud no les hacía caso, pero me compremetí para estar el viernes 7. Es un gusto enorme compartir el escenario con toda esta maravillosa gente, amigos del alma como Ramonita Galarza o el Padre Julián Zinni con quien en algún momento hemos compartido el espectáculo -Así canta, cuenta y reza nuestro pueblo-”.

Completa pícaramente que “Y ni te cuento lo que significa para todos nosotros los 100 acordeones chamameceros que son Tarragoseros porque todos se quieren parecer en la forma de tocar del papá de Antonito, así que le vamos a hacer un homenaje porque dejó una verdadera escuela, seguida por muchos, pero principalmente por su hijo”.

NUEVOS Y CONOCIDOS VALORES

A los mencionados se les sumarán Maia Sasovsky y Marcelo Iribarne en la conducción, y el ganador del programa “Talento Argentino”, Diego Gutiérrez.

“No queremos olvidarnos”, puntualiza Antonio Tarragó Ros, “que en la noche del 7, en pleno escenario, se va a transferir la dirección del inolvidable Cuarteto Santa Ana, a suu hijos Juan y Ernestito. Con orgullo voy a ser el padrino de ese momento y de la nueva formación”.

“Quiero agregar”, se suma Landriscina, “que siendo muy joven tuve el privilegio y la suerte de ver en mi pueblo Colonia Baranda, de Chaco, al Cuarteto Santa Ana de Isaco Abitbol y Montiel. Ellos ya estaban enemistados, pero tocaron igual. Hablar de ese dúo es como decir Gardel y Lepera, pavada che».

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“A mí me llamó Doña Juana, la viuda de Don Ernesto, y me contó la noticia. La verdad es que me puse a lagrimear, pero más me emocioné cuando me dijeron que Luis también iba a subir al escenario”, reflexiona Tarragó Ros, “No me quiero imaginar cuando aparezca sobre el escenario con su traje y su ponchito porque nosotros amamos a Luis como artista. El logró que el mundo viera con amor al chamamé”.

Prosigue Antonio, “En sus cuentos Luis refleja las vivencias del hombre del litoral y de todo el país, pero para nosotros los correntinos es como un sacerdote. Fijate que me llama Luis y me dice -Che, tengo ganas de contar el cuento ‘Por tantearlo nomás’, que narra la historia de como en el pueblo se lo apuraba a un milico para ver cuanto aguantaba como hombre, porque si ante la menor provocación sacaba el revolver, ese no servía pa’ milico- Es una belleza”, agrega entre risas que comparte con el chaqueño.

ENTRE SAPUCAY Y CHAMAME

“Una de las cosas que me gustaría aclarar”, acota Landriscina, “es que el sapucay no es un grito, cada uno tiene un por qué y expresa algo diferente, como el grito del hachero cuando terminaba de voltear un árbol y sus compañeros que le contestan saludando su trabajo y los siglos de madera que caen”.

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“Es como la lágrima. Podés llorar de alegría, de emoción, de tristeza. Me parece ridículo lo de los concursos de sapucay, es una barbaridad, un disparate, o esos que dicen -A ver, che, haceme un sapucay- No, tiene que venir de adentro y por un motivo, de acuerdo a un sentimiento”, completa Antonio.

Con la sabiduría de los años y el camino recorrido, Landriscina comenta el argumento de “La vitrola y el chamamé”, cuento que escribió para Sadaic, “porque yo tengo edad y ahí relato lo que representaba ese ritmo para la gente del Chaco y Corrientes, que no tenía su lugar en las radios y explico quienes defendieron el chamamé: en los ranchos los paisanos con vitrolas a manija, con discos de pasta, porque había tres o cuatro conjuntos que ya habían grabado en Buenos Aires. Era música para sirvientas y ahora, gracias a Dios, un símbolo de la provincia que ha contagiado a todas las demás, ya que, si bien es la identidad de los correntinos nos han invitado a los vecinos a compartirlo con orgullo”.

DEL ASTROS AL LUNA

Los comienzos de “Viva el chamamé” datan de 2004, en el teatro Astros. En las tres ediciones que siguieron -2005, 2008 y 2010-, ancló definitivamente en el Luna Park.

“Fijate su importancia que mi médico clínico personal, el Dr. Klein, hijo de húngaros, va a estar de invitado porque le encanta esta música. Es admirador de Mario Bofill, de quien yo digo que es el Héctor Gagliardi de los correntinos, y también va a estar lo mismo que Roberto Favaloro, el hermano de René”.

Don Luis compartirá su espacio con Tarragó Ros, quien le pondrá clima con la verdulera. Antonio, en tanto, más allá de esos clásicos que no pueden faltar como “El toro”, “María va” o “Como el agua clara”, expresó que “Voy a recordar aquellas obras que hicimos con Luis como -Viejo musiquero-, -Jacinto cachapecero-, -Eleuterio un correntino de ley-, y voy a tener el honor de tener el acompañamiento musical de mi hija Irupé que lo adora y que para ella es un placer tocar esa noche. Además estará mi hija Laura, y mis músicos Humberto Lafata, en el contrabajo y Trabuco González, en la guitarra”.

Por supuesto, luego Antonio se sumará a los 100 acordeones chamameceros “con la admiración que sentimos los artistas por tocar juntos y recibir la respuesta del público que viene de todas partes a vivir unas horas de sentimiento provinciano en la Capital”.

LA INFANCIA COMO REFERENTE

“Cuando escucho” -El cielo del albañil-, se emociona don Luis, “”sentís cómo con una melodía podés volver a la infancia. Eso es lo que le pasa a un coprovinciano con el  chamamé y lo que la gente va a sentir esa noche. Se va a encontrar con la estancia donde fue peón o con la isla donde fue a pescar o con el monte donde fue hachero”.

Landriscina y Tarragó Ros comulgan el mismo idioma de la defensa de la identidad popular, uno con sus cuentos, el otro con sus composiciones eternas, lo que los convierte en seres irrepetibles.

Pero la nota está incompleta si no le preguntamos a don Luis si no se tienta para volver a los escenario más seguido. “La verdad es que hace siete años que me alejé. Tengo siempre, gracias a Dios, gente que me lo pide. La Federación Agraria me nombró embajador cultural del campo argentino, qué más le puedo pedir a la vida. El viernes 7 deseo que la pasen bien y pueden sacar ese niño que todos llevamos dentro del corazón. Una vez Antonio Carrizo dijo -La patria es la infancia-, y creo que es así porque es el lugar donde uno quiere volver a cualquier edad”.


 

 

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