Mario Sabato y un paseo “por mi infancia, la adolescencia y la adultez”


“Quiero creer que hubo un momento profético en el que se inició este libro”, de esta forma comienza la novela “La imposible melancolía” del escritor, guionista y director de cine Mario Sabato. “Mi padre (Ernesto Sabato), vaya a saber por qué, hacía copias minúsculas de las fotografías familiares. Ninguna de las fotos superaba los cinco centímetros por lado y había que apelar a una lupa para dilucidar quiénes habían sido retratados”.

“Pero, -recuerda Mario- entre esas miniaturas encontré una que me sacudió el alma: mi padre sentado junto a mí, guía mi mano que aferra un lápiz que apunta a un cuaderno abierto en sus primeras hojas. Y justamente esa foto que ilustra con su foto una página data de 1950 y es como que me incentivó a escribir esta novela y se ve que estamos al aire libre, y se adivinan el sol, los árboles y seguro que fue sacada por mi madre”.

“Incluso” -continúa- “en la parte inferior de la foto con letra ínfima hay una anotación de mi padre que dice: enero 1950, Pantanillo (que es un lugar de Córdoba donde íbamos a veranear), Mario, aprende a escribir y eso me llegó al alma”.

“De alguna forma quiero imaginarme que fue, en aquella lejana tarde de verano en aquel paraje primitivo en las serranías cordobesas que carecía de luz eléctrica y agua corriente, que comencé a escribir este libro, acariciado por el amor de mis padres”, afirmó.

Como director de cine Mario realizó quince películas, dos de ellas relacionadas con  la obra de su padre: “El poder de las tinieblas” (1979) basado en el libro “Informe sobre ciegos”, y “Ernesto Sabato, mi padre” (2010). Tiene una novela anterior “India Pravile” (2005), que también convirtió en película.

“No me siento un escritor propiamente dicho. Esta novela tiene un recorrido por mi vida, por la de mis padres, anécdotas vividas con personajes que lo visitaron, en fin una historia de vida fuera de toda cronología”, argumentó.

“Con estos cuentos -acotó- siento que el mundo se me redujo otra vez. Que volvió a ser tan pequeño como el de mi infancia. Que mi mano es otra vez la mano humana y no aquella que traía embarrada después de jugar con mis amiguitos de mi barrio, Santos Lugares, y volvía embarrado a casa de pies a cabeza”.

“Todos estos recuerdos me hicieron regresar a buscar amparo y compañía en otras manos, tan íntimas como la que yo tenía y vuelvo a tener, idénticas en su candidez e inocencia”, dijo.

“Viví un momento muy especial cuando estrené el documental ‘Ernesto Sabato, mi padre’ porque mi madre ya no estaba con nosotros, y sin embargo en la soledad de la sala, escuché su grito, ‘Marito’, como era su costumbre y no dejé de emocionarme y de aferrarme fuertemente a mis hijos y mis nietos, aunque sabía que ellos, mis padres, también me acompañaban”, afirmó.

“No tengo grandes aspiraciones para la novela. Sólo el sabor dulce de que la tarea se cumplió y los que la lean podrán encontrar en ellas vivencias profundas y anécdotas no conocidas y es por eso que no quise hacerlo formalmente sino bien desprolijo y sin un orden sólo con cuentos verdaderos escritos desde el corazón”, destacó.


 

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