Ralph se . . .


Sube a Internet y deja los ´80s


Muchas veces, se dejó bien en claro esta cuestión: la primera película es porque se la quiere hacer, la segunda… por motivos económicos. Y luego de ver “Wi-fi Ralph”, es complicado no admitir esta afirmación.

Planteando una historia algo parecida a la primera, pero centrada en el rol de Vanellope, con un Ralph muy pendiente de sus acciones que se ve en la clásica manera de cómo un padre le cuesta ver crecer a su hija y que en varios momentos, con tal de no desprenderse de ella, logra que las consecuencias sean algo extremas para la vida de la pequeña.

WiFi Ralph plantea una situación que si bien es repetitiva, no está mal y el mensaje de acompañar hasta el punto de crecer es claro y conciso, pero es el background lo que termina logrando que la película falle.

¿Cuál sería el background? Miles de cameos innecesarios, en los que pareciera que Disney hace todo lo posible por mostrar todo su poderío y la inmensa cantidad de personajes, roles que en la primera película eran más asemejados a eastereggs y joyitas, aunque en esta es una completa fechoría y vulgar demostración del monopolio que terminó gestando esta multinacional. También, esa relación de dependencia por momentos se torna bastante molesta, como una presión corrosiva hacia algo tan simple como lo que es.

En fuerza, va perdiendo con el tiempo y la película termina careciendo del portento que podría lograr, incluso dejando la premisa de una tercera entrega que vendrá en algún futuro.

WiFi Ralph perdió la mística de añorar las viejas épocas de los 80’s que tenía la primera, en donde chicos y grandes pueden disfrutar al mismo tiempo y maravillarse con lo establecido, ya que esta vez, hicieron agua.

Quizás la tercera sea la vencida. Pero a esta altura, hubiese sido mejor dejar todo como estaba…


 

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