Una joya imperdible, “La Gloria”, de Javier Torre

«En 1961 se da un hecho extraordinario», nos cuenta en El Resaltador, por Radio Túpac Webcast, el director y novelista Javier Torre, “que fue la obtención, en el Festival de Cannes, de los máximos galardones para dos películas habladas en español”.

El realizador se refiere a “Viridiana”, de Luis Buñuel, y a “La mano en la trampa”, de su padre, Leopoldo Torre Nilsson. Ambas, casualmente, protagonizadas por Francisco Rabal.

El creador de películas como “Un Amor de Borges”, “El Almuerzo”, “Fiebre amarilla”, “Las tumbas” y “El juguete rabioso”, refleja este hecho en un libro titulado, “La Gloria” (Editorial Corregidor), que planea llevar al cine el próximo año.

La Gloria” narra con una minuciosa y aguda reconstrucción de época un hecho fuera de lo común en la historia del cine: que dos películas habladas en español obtuvieran los dos máximos galardones en el Festival de Cine de Cannes: la Palma de Oro para “Viridiana”, y el Premio Internacional de la Critica, para “La Mano en la Trampa”.

La novela describe la extraordinaria experiencia de aquellos directores emblemáticos, a través de una investigación meticulosa, recuerdos, fragmentos de cartas, fotografías, documentos oficiales, impresiones y búsquedas en el pasado, con un apasionante entrecruzamiento de historias tan mágicas como irrepetibles.

La Gloria” es también una crónica familiar, un libro de viajes, una o varias historias de amor, un recorrido para cinéfilos y asiduos participantes de los festivales internacionales y el tránsito por un momento cumbre del cine de habla hispana.

Con el escenario de fondo de Cannes y la Costa Azul, “La Gloria” es también un recorrido por el Buenos Aires de los años ‘60 y los inicios de un momento estelar para nuestro cine, asediado poco tiempo después por el surgimiento de una censura que presagiaría los años más oscuros para nuestro país.

En efecto, tanto “Viridiana” como “La Mano en la Trampa” debieron sortear innumerables dificultades para llegar a esa cumbre del cine mundial, y la novela narra con detalle las persecuciones ideológicas que surcaron la época y el momento. Alrededor de todo aquello giran un sinfín de personajes fascinantes, en un mundo cuyo resplandor surge en sus páginas con claridad y particular emoción.

Sucede el hecho extraordinario y pintoresco de que las dos películas triunfen y me pregunté por qué nunca más pasó. En los años 60 comienza un proceso extraordinario, con Buñuel que luego se asienta en Francia. En el caso de nuestro, fue un triunfo que molestó al poder. Cuando mi padre y Beatriz vuelven a Buenos Aires los recibe el presidente Arturo Frondizi porque fue un acontecimiento muy particular para la política cultural del país en el que ya se comenzaba a destacar la labor de Rodolfo Kuhn, Leonardo Favio, José Martínez Suárez. La censura comienza a tomar nuevos caminos para enfrentar este cine latinoamericano que emerge. Luego Frondizi cae y la censura se desata cuatro años más tarde con el onganiato (el gobierno de Juan Carlos Onganía) que trató de trabar la cultura y la ciencia argentina con consecuencias que estamos viviendo todavía, a sesenta años de haber pasado todo esto”.

Cuenta Javier Torre que ambas películas “llegaron con enormes dificultades de distribución y de censura. En Argentina no querían que representara al país “La mano en la trampa”. En España Franco manda quemar el negativo de “Viridiana”, que pasa la frontera de contrabando, oculto entre ropas de dos toreros. Con todas esas dificultades, con la crítica de derecha acusándolas de blasfemas, las dos triunfan, fue la única vez, nunca más volvió a suceder”.

En cuanto a la producción, ambiciosa de por sí, de llevar a la pantalla grande esta novela, nos contó que: “Tenemos la idea de que sea una película, aunque es imposible de hacer en estos momentos. Es muy compleja, con infinitos personajes, Transcurre en México, en Londres, en la Costa Azul. Estamos en conversaciones para que tome forma porque permite un despliegue actoral extraordinario”.

En “La Gloria”, a partir de la venta de una mesa que, supuestamente perteneciera a Alfonsina Storni, se desata la maravillosa aventura que Leopoldo Torre Nilsson y Beatriz Guido, pareja en la vida y en el cine, atraviesan para lograr el objetivo de llevar su película a Cannes. Tal vez sea el capítulo 32 aquel que marca, de manera magistral “el fundamento filosófico de los personajes”, según su autor. Es allí donde se cuenta la intimidad de la pareja, reflejada en las cartas que se enviaban diariamente “fundamentado en una cajonera cuzqueña en la que se guardaban. Algunas eran bastante picantes para mí, que las descubrí de chico. Otras contenían opiniones sobre los actores y la génesis de las películas. Para ellos el cine era un mundo sagrado, la cultura en general, algo por lo que había que dar la vida. En esa cajonera Beatriz guardaba la máscara mortuoria de su padre, y también estaba el certificado de defunción de Leopoldo Torres Ríos (el abuelo, también cineasta de envergadura), todo esto era impactante para un niño. Hoy están desaparecidas”.

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